¿Qué es un trauma?

En este artículo voy a tratar de abordar uno de los trastornos que más me apasionan, y que además me encuentro con bastante frecuencia en consulta.

Muchas personas han sufrido experiencias traumáticas importantes en su historia de vida, condicionando su presente.

Y en bastantes ocasiones sin ser consciente de la importancia del daño que se ha producido.

¿Qué es un trauma?

Es la herida psicológica provocada por la exposición a un acontecimiento estrenaste e inevitable que sobrepasa la capacidad de afrontamiento de la persona. Hablamos de situaciones que suponen una amenaza psicológica o vital de la que es difícil escapar.

La persona que sufre una experiencia traumática tiene serias dificultades para enfrentarse a ella. Sus recursos no resultan suficientes.

Esta herida es la huella que queda en la memoria en forma de recuerdos que resultan difíciles de asimilar.

Existen distintos tipos de traumas:

Trauma simple: Se desencadena a partir de un acontecimiento concreto de tipo impactante. por ejemplo, un accidente de coche, un atentado, una catástrofe natural, la perdida repentina de un ser querido, una agresión sexual, o violación, el sufrir un problema de saludo repentino o determinados procedimientos médicos, entre otros.

Trauma complejo: Traumas que ocurren de forma repetida a lo largo de los meses o los años.

Me refiero a carencia de afecto, malos tratos psicológicos y/o físicos, negligencia paterna, abandono emocional. Es un trauma por acumulación.

Los síntomas del trauma

Los síntomas iniciales suelen ser:

  • Problemas con el sueño: dificultad para conciliarlo, pesadillas, terrores nocturnos, interrupciones durante la noche…
  • Sensación de no poder controlar el estrés
  • Sensación de estar alerta, en guardia en todo momento sin motivo aparente
  • Alteración emocional, experimentada como una sensibilidad por encima de lo normal
  • Hiperactividad
  • Cambios de humor frecuentes e inesperados (llorar de repente, ataques de ira…)
  • Aparición de imágenes intrusivas, a veces en forma de flashback
  • Sentimiento de vergüenza y culpa

Posteriormente, incluso a lo largo de los años pueden ocurrir cosas como las siguientes:

  • Ansiedad, manifestada de diversas formas: ataques de pánico, fobias, ansiedad generalizada
  • Necesidad de evitar determinados lugares y situaciones
  • Síntomas disociativos (que explicaré más adelante)
  • Conductas adictivas como beber, fumar, o consumir sustancias prohibidas
  • Conducta sexual irregular
  • Aparición de miedos que antes no se tenían
  • Problemas de atención, memoria y razonamiento
  • Dificultad para vincularse con otras personas
  • Desconfianza excesiva
  • Dificultad para contactar con las emociones
  • Somatizaciones físicas
  • Autolesiones o intentos de suicidio

Y más a largo plazo, se han observado problemas de salud de diverso tipo, aquellos denominados de origen psicosomático. Y por supuesto, la experiencia del trauma se está viendo relacionada con trastornos mentales como depresión severa, trastornos de personalidad, y de ansiedad entre otros. Ni que decir tiene que la autoestima queda muy dañada y que eso repercute en nuestras relaciones de pareja.

Estos síntomas son señales de que algo nos está ocurriendo, y por eso debemos prestarles atención, reconocerlos y recurrir a ayuda profesional. Los síntomas están ahí para avisarnos y cuanto antes se aborden menos probabilidad habrá de que se cronifiquen y empeoren.

¿Qué riesgos hay para estas personas?

Cuando nos exponemos  a situaciones que suponen una amenaza crónica, adoptamos diferentes mecanismos de defensa para protegernos. A veces, de forma pasiva, sometiéndonos, tratando de hacernos invisibles para molestar lo menos posible.

El trauma nos afecta de distintas maneras.

– A nivel de creencias sobre nosotros mismos.

– A nivel de memoria

  • A nivel de como serán nuestras relaciones en el futuro
  • A nivel emocional
  • A nivel somático
  • A nivel neurobiológico
  • A nivel de personalidad

Si nadie nos protege de ese daño, o más probable es que nos aislemos, nos refugiemos y que nos invadan creencias erróneas como “Yo tengo la culpa”, “Merezco que me traten así”, “Nadie me quiere”, “Prefiero no vivir”. Esto nos lleva a la sumisión, y a muchas dificultades a la hora de relacionarnos.

Una de esas dificultades puede ser que nos acabemos involucrando en relaciones de abuso en el futuro, porque en cierto modo, nos hemos acostumbrado a que nos traten mal. O porque una parte de nosotros cree que no merece algo mejor.

¿Cómo afecta el trauma a nivel neurobiológico?

Las vivencias traumáticas provocan efectos sobre nuestro Sistema Nervioso y nuestro cuerpo.

Las personas expuestas a un trauma continuado deben aprender a adaptar sus respuestas corporales con el objetivo de sobrevivir. Esto supone anestesia emocional, para minimizar el sufrimiento, y en consecuencia parálisis corporal. Quedarnos parados es la respuesta evolutiva que nos sirve para pasar desapercibidos y evitar un nuevo ataque.

¿Qué problemas origina esta respuesta de parálisis?

Altera el equilibrio del organismo.

En situaciones normales, ante una amenaza o un peligro las personas activamos la rama simpática del Sistema Nervioso Autónomo, para activarnos fisiológicamente y así poder responder con energía para protegernos de la amenaza (para atacar). Una vez pasado el peligro, el organismo trata de volver a la calma poniendo en marcha la rama parasimpática para recuperarnos y relajarnos.

Cuando nos exponemos de forma repetida a una agresión lo que hacemos es activar de forma simultánea ambas ramas del Sistema Nervioso Autónomo, la parasimpática y la simpática. Esto se traduce en que a nivel fisiológico, nuestro cuerpo activa la función de parálisis aunque cuando nuestra mente quiera que el cuerpo escape. Quedamos de esa manera indefensos ante el peligro. No podemos controlar la situación, no podemos frenar el daño porque nuestros músculos se han colapsado.

Además ocurre otra cosa, y es que se genera una energía que no se puede liberar en la defensa, al menos de la forma que nuestro instinto requeriría. Esto provoca que aparezcan cierto tipo de síntomas. Ese incremento en nuestra activación queda almacenado en nuestra memoria, asociado con mucha fuerza a los recuerdos del trauma. La consecuencia a largo plazo es que ante estímulos disparadores del recuerdo se activen de forma automática las reacciones que nuestro cuerpo experimentó cuando se produjo el trauma.

Te voy a poner un ejemplo para que puedas entender este fenómeno tan complejo.

Imagina a un niño, que se llama Javier y tiene siete años. Su padre es alcohólico, y a veces tiene ataques de agresividad sobre Javier y su madre. Javier nunca sabe cuando su padre va a gritarle, a insultarle o a pegarle. Puede ocurrir en cualquier momento. A veces porque Javier ha hecho un poco de ruido jugando, otras veces porque ha contestado demasiado bajito, porque no se ha terminado el plato de comida, o porque simplemente estorba con su presencia. Javier ha tenido que aprender a pasar desapercibido porque cualquier cosa puede desatar la ira de su padre. Y para más inri, su madre también tiene miedo y no le defiende lo suficiente. Este niño, cada vez que nota que cambia la expresión de la cara de su padre, o si empieza a levantar la voz, pone en marcha (de forma automática e inconsciente) sus mecanismos de defensa naturales. Por un lado, su cuerpo se quiere activar para escaparse y librarse de una nueva paliza de su padre. Para ello se activa su Sistema Nervioso Autónomo. Se aceleran sus pulsaciones, su cuerpo se tensa, se agita su respiración. Pero no puede salir corriendo, porque la rama parasimpática envía el mensaje a su cuerpo de que se tiene que quedar parado para no hacer algo que active más aún la ira de su padre.

¿Que le ocurrirá a Javier dentro de unos años? Pues que cuando se exponga a disparadores como por ejemplo ver la escena de una película en que hay un padre que levanta la voz a su hijo, a Javier se le encogerá el corazón y experimentará en su cuerpo unas reacciones desproporcionadas a lo que la situación merece. Y así cada vez que presencie elementos que le recuerden a su infancia.

Y cuanto más intenso haya sido el trauma más condicionada estará la persona que lo ha sufrido.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Cuando sufrimos un trauma, se produce una desregulación bioquímica en el cerebro. Esto ocurre porque la amígdala, que es la estructura del cerebro implicada en las emociones, permanece hiperactivada al percibir el peligro (aunque éste ya haya pasado). Este exceso de activación provoca que haya más cortisol de lo normal. El cortisol inhibe otra estructura, el hipocampo, que tiene que ver con la forma en que almacenamos las experiencias y los recuerdos. Por eso los recuerdos traumáticos quedan almacenados en nuestra memoria de un modo especial. Es como si quedasen grabados en una capa de memoria diferente, sin terminar de procesar, congelados en el tiempo, y muy fácil de ser activados manifestándose a veces de la misma manera en que fueron vividos, incluso a nivel físico y sensorial.

¿Que es la disociación?

La disociación es un fenómeno que a veces hace aparición en respuesta al trauma.

La vivencia de la disociación se puede experimentar de diferentes maneras: perdiendo el tono muscular, con una sensación de frío intenso queda desde el interior al exterior del cuerpo, perdiendo el sentido y la conexión con la realidad, verse como fuera del cuerpo, negando u olvidando lo ocurrido. Se producen lagunas de memoria.

Otras veces la disociación aparece en forma de una percepción alterada de de la realidad o del propio cuerpo.

La disociación es un mecanismo de defensa de la mente, que no puede tolerar el dolor producido por el recuerdo del trauma, y trata de escapar para no estar en la realidad. El organismo se rinde de alguna manera.

Por eso, muchas veces la persona traumatizada no puede ni siquiera hablar de lo que le ha ocurrido. Resulta tan intolerable que el sistema se bloquea, y la mente se escapa.

El trauma nos hace somatizar

Se ha observado que las personas que han sufrido trauma suelen tener quejas somáticas de tipo digestivo, sexual, o a través de dolor crónico, migrañas, trastornos neurológicos y de otros tipos. .

Curiosamente estos síntomas suelen tener relación con lo que el cuerpo ha memorizado en respuesta al daño concreto sufrido en el trauma. Por eso saltan cuando la persona se expone a disparadores del recuerdo traumático. Es como si el cuerpo tuviese grabada una memoria del trauma, y al activarse las respuestas defensivas a nivel fisiológico se cronificasen determinados síntomas. Por ejemplo, una persona que ha sido maltratada físicamente desarrollará el mecanismo de defensa de encogerse y tensar su cuerpo, echando los hombros y la espalda hacia delante para encogerse y amortiguar así los golpes de las palizas. Esta manera del cuerpo de activarse en respuesta al miedo a una posible agresión puede provocar a la larga problemas musculares debidos a la tensión excesiva y a la alteración de la postura corporal. 

¿Se puede curar el trauma?

En la mayoría los casos la persona dañada por trauma simple o complejo tiene bastantes posibilidades de superarlo y tener una vida normal. Depende del tipo de trauma, y de la edad en que se haya sufrido. A veces una misma persona puede acumular más de un trauma en su vida y en ocasiones traumas graves. En cualquier caso, debe ser tratado por profesionales de la salud mental. Es decir, por psicólogos o psiquiatras formados y experimentados en el área de trauma. Una mala intervención podría provocar retraumatizaciones, reforzando la huella traumática y empeorando la sintomatología de la persona.

Para tratar el trauma existen técnicas específicas que han demostrado su eficacia clínica, como el EMDR, la hipnosis, la terapia sensoriomotriz, y el neurofeedback, entre otras.

El tiempo de curación de los traumas es variable dependiendo del tipo de tramas sufridos, de las características de personalidad del paciente, de los apoyos que tenga a nivel familiar y social, el nivel de estrés, y el grado de implicación en la terapia. Hay traumas simples que se pueden procesar en unas pocas sesiones, y otros que requieren años de terapia.

Es muy importante que pidas ayuda profesional si te has visto reflejado/a en la descripción de síntomas que antes he expuesto. Puedes salir del infierno que supone haber sido víctima de una situación traumática. Como mínimo para tratar de entender porqué te ocurre lo que te ocurre, de donde viene, y como puedes encontrarte mejor y superarlo.